Somos seres lumínicos

Somos seres lumínicos                    

 

Hay ya muchas investigaciones que apuntan a que somos seres lumínicos. El primer investigador que se preocupó de este asunto fue Alexander Gurwitsch, que hacia 1923 se percató que los seres vivos emiten luz. En la década de los setenta, el científico alemán Fritz Albert Popp retoma las investigaciones de Gurwitsch y comprueba que, efectivamente, el ser humano emite luz: esto es lo que hoy se conoce como biofotones.

 

Frizt Albert Popp

 

La teoría de Popp sugiere que las células almacenan la luz del Sol y la luz que reciben de otros organismos y que el tiempo que logran almacenar la luz está relacionado con la duración y la salud de la célula. Tenemos aquí las bases de un nuevo vitalismo.

Las células almacenan la luz del Sol

Lo anterior se puede aplicar también a la fuerza nutritiva que tienen los alimentos. «Es muy probable que la calidad de la comida sea mejor cuanto mayor sea su capacidad de almacenar luz», dice Popp. Esto unido a lo que demostró Max Planck (uno de los padres de la física cuántica) que la luz contiene información y energía, hace de este hallazgo un cambio sin precedentes en los procesos celulares. La luz envía información y energía a un átomo y el resultado es que el átomo cambia su condición. [1] La luz hace dos cosas en el cuerpo: Cambia la condición de los átomos para el orden del sistema y transfiere información entre las células.

La calidad de la comida puede ser que sea mejor cuanto mayor sea su capacidad de almacenar luz

                  Hay más de 100.00 procesos que tienen lugar en la célula cada segundo, ¿cómo es posible que todos estos miles de procesos se puedan llevar a cabo sin ninguna equivocación?

“El trabajo biofotónico de mi padre proporciona la respuesta, porque la luz tiene la capacidad de dar a las células la información que necesitan y ponerlas en la condición de realizar estos procesos sin ningún error”, dice el hijo del prestigioso científico.[2]

 

La alimentación consciente

 

José María Villagrasa,[3]  que también ha investigado mucho acerca de este tema, en su curso online sobre Alimentación energética afirma que: la luz y el sol son muy importantes y hay una clasificación de los alimentos según lo que han recibido de luz: hay alimentos que contienen gran vitalidad como los germinados que tienen una luz increíble y que nuestro cuerpo los asimila muy bien. Luego están los alimentos orgánicos que cuando los cocinamos nuestro organismo absorbe lo que necesita. Transforma las enzimas y expulsa lo que no precisa. Somos seres de luz y nos alimentamos del sol.

 

Cuánto más cercanos y más directamente se hayan nutrido del sol los alimentos que comemos, mejor efecto tendrá sobre nosotros.

 

Hay también investigadores en este sentido como las de Maximiliam Bicher-Benner que fue el inventor del muesli y ya en 1900 hablaba del poder lumínico de los alimentos. Cuanta más energía lumínica tenga un alimento, mayor su valor. Un fruto madurado al sol es mucho más saludable que el madurado en cámara. Cuando comemos una planta verde consumimos biofotones creados por la energía del sol, estos se almacenan en las células que hacen unas 100.000 reacciones químicas.

 

No es lo mismo comerse una patata de la huerta que una patata congelada y frita en un local de comida rápida.

 

Los alimentos, además de su función metabólica, tienen también una función informativa. El agua por ejemplo es una fuente de información increíble, y nos lo ha demostrado Masaru Emoto en su libro con las fotografías Kirliam. El método kirliam cuando se ha utilizado para  fotografiar los comestibles, se observa que los alimentos crudos tienen una luz mucho más potente y cuando los cocinamos, pues pierden esa intensidad lumínica. La alimentación energética sabe perfectamente de ese asunto y por eso aconseja el consumo diario de verdura verde muy poco cocinada (escaldada unos minutos para que mantenga un alto porcentaje de sus vitaminas), de germinados, de fermentados y de ensaladas maceradas (estas dos últimas mantienen las propiedades de las verduras crudas, pero se digieren mejor).

 

La cocina como fuente de luz solar

 

Cocinar es imprescindible porque favorecemos la decodificación de ese alimento que para el organismo es un esfuerzo. Nuestro estómago trabaja con calor y si comemos crudo tiene que calentarlo primero y en ese trabajo se pierde mucho oxígeno que podemos utilizar para hacer otras actividades. Además, podemos comer mucho alimento crudo, pero no absorber sus cualidades si no tenemos una flora intestinal en condiciones.

Como mujeres, todo producto de la tierra nos va a beneficiar porque nuestra conexión con la Tierra madre es muy importante. Si a eso añadimos que el producto sea ecológico, que no contenga químicos, aumentaremos la ingesta de sus vitaminas y minerales y estaremos comiendo un trocito de sol que nos ayudará con todos los procesos de cambios que vivimos a lo largo de nuestra vida, incluidos los hormonales que están presente desde que comenzamos con la menstruación hasta más allá de la menopausia.

 

Tenemos que buscar en la alimentación diaria aquellos productos que nos aporten la luz necesaria para irradiar aquello que somos

Siempre me ha apasionado pensar que somos seres lumínicos, que somos algo más que un cuerpo físico. Somos energía, ya lo ha demostrado la física cuántica, y la alimentación juega un papel fundamental para que, a través de lo que ingerimos cada día, esa luz nos beneficie en nuestra jovialidad, juventud, frescura, alegría y salud.

 

[1] Quantum Health, Body of light: Biophotons and health. An interview with Alexander Popp. pág. 11

[2] Opus cit, pág. 12

[3] Connexions vitals

3 comentarios en “Somos seres lumínicos”

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