Come consciente, vive consciente

 

Come consciente, vive consciente

 

Somos lo que comemos Feuerbach

 

Cada vez más investigaciones y estudios revelan que tanto las emociones como la alimentación están ligadas a nuestra salud. Si bien siempre se han vinculado algunos alimentos con determinadas enfermedades como el abuso de la carne roja con la gota por el ácido úrico, es más difícil cuando se trata de vincular las emociones y la salud. Aunque cuando nacemos se crea, el primer amarre ya que al llorar nuestra madre nos da el pecho. Lloramos y nos dan de comer. Así se va desplegando este lazo pues luego en nuestra niñez, si te portas bien tienes derecho a un helado; sin embargo, si te portas mal no podrás probar esos alimentos que te hacen feliz. Así, encadenamos comida y sentimiento una y otra vez, sin que el cumplir años signifique que seamos conscientes de este lazo sutil y profundo que vamos estableciendo al pasar los años.

Libros clásicos como el de Louise Hay Usted puede curar su cuerpo, que data de los años 80, hasta otros más contemporáneos como el de Luís Martins de Simoes  O teu corpo nao mente, editado en 2008, nos hacen un recorrido preciso sobre cada enfermedad y a qué emociones van ligadas, ofreciendo posibles soluciones y miradas alternativas a la medicina alopática. Es más, los nuevos estudios como la nueva medicina germánica o la biodescondificación, que muchos profesionales ya imparten, se centran exclusivamente en los procesos emocionales como responsables de nuestra salud. Emociones que no hemos superado en el tiempo, sentimientos de rabia, de odio o de tristeza que se quedan atrapados en nuestro cuerpo y que son los que nos conducen al cáncer, a las úlceras, a las gastritis, etc…

Sin embargo, algo que parece tan novedoso en la anciana cultura occidental era ya sabido y difundido en las culturas orientales hace miles de años, porque para estas culturas la observación más que la comprobación científica ha sido siempre algo fundamental. Conocer nuestro cuerpo y sus reacciones ante lo que comemos y lo que vivimos ha sido y sigue siendo un eje en su medicina tradicional. Así, por ejemplo, el hígado está asociado a una emoción como la rabia cuando este órgano no funciona bien, pero también a la generosidad cuando lleva a cabo todas sus funciones a la perfección; o los riñones que se asocian al miedo y a la falta de dirección en la vida pero que también está ligado la valentía y la superación. Y así con todos los órganos y vísceras, Lo mismo sucede con nuestros líquidos y nuestros sentidos. Nada es al azar, nada es porque sí. El cuerpo es un ente holístico en el que todo tiene un sentido. El cuerpo, como dice Luis Martins, no miente.

Conocer nuestro cuerpo y sus reacciones ante lo que comemos y lo que vivimos ha sido y sigue siendo un eje en su medicina tradicional.

Alimentación consciente

 

La macrobiótica no es ajena a esta relación de la enfermedad y la emoción, ya que está muy ligada al taoísmo desde el momento en el que se incluye en sus estudios la posición de los órganos en el cuerpo, el elemento al que pertenece cada uno (madera, agua, fuego, tierra o metal), los sabores y colores que se asocian a cada elemento y, por supuesto, las emociones que predominan en cada uno. Así mismo, también se estudia qué procesos de enfermedad se derivan cuando hacemos trabajar a los órganos en exceso hasta agotarlos.

Cuando nos despertamos cada día no sabemos cuáles son las emociones que vamos a vivir, conocemos lo que tenemos que hacer, pero no sabemos qué va a suceder cuando interactuamos con los demás o simplemente lo que nos va a deparar la vida. Hay emociones y situaciones que son más fáciles de unir a síntomas físicos; por ejemplo, si se muere un familiar puede ser que se pierda el apetito o que se tenga digestiones pesadas porque cueste asimilar esa noticia o que se tenga una depresión pasajera; en este caso enseguida entendemos la relación. Sin embargo, hay otras emociones o vivencias de las que no somos conscientes y tampoco de cuál es el impacto que causan en nosotros. El cuerpo siempre avisa, un zumbido en el oído, un malestar en el estómago, una caída, etc… pero si no estamos habituados a escucharlo, estos pequeños síntomas pasarán desapercibidos. A veces los descubrimos cuando ya son evidentes y otras, cuesta toda una vida percatarse del nexo creado entre algo que hemos vivido y una enfermedad. Y es que el cuerpo en su sabiduría y su perfección va recogiendo estos malestares y los va grabando para advertirnos de que algo no va bien. Un síntoma, es un aviso. Una respuesta del cuerpo ante algo. El organismo siempre está trabajando a favor nuestro, solo tenemos que estar atentos.

Y aquí interviene la importancia de la alimentación consciente. Mientras que descubrir el impacto de ciertas emociones y pensamientos en nuestro organismo nos puede llevar un tiempo, la alimentación es algo que hacemos todos los días. Comemos entre tres y cinco veces al día, nos reunimos en familia para comer, hacemos reuniones de empresa delante de un plato, en toda celebración siempre hay comida, y a veces cuanta más mejor. Tenemos el poder de decidir qué comemos cada día. De ahí, la trascendencia que tiene la alimentación; pero también las posibilidades que nos ofrece ya que si conocemos cuál es el efecto que causan los alimentos en nuestro cuerpo, podremos controlar qué comer para estar más ágiles, más fuertes y más serenos ante cualquier emoción o vivencia que nos llegue. Y estaremos más preparados para que el desequilibrio que nos cause los sucesos diarios sea menor.

Por eso, la alimentación consciente no se limita al conocimiento de los nutrientes de los alimentos, sino que propone una dieta que tenga en cuenta cómo cuidar, depurar, fortalecer, estimular cada órgano, cada víscera, cada parte de nuestro organismo para que nos pueda servir de apoyo, de guía para estar más presentes en nosotros mismos y poder combatir los vaivenes emocionales con los que nos podemos encontrar en nuestro día a día. Si aprendemos como alimentar al cuerpo emocional, al mental y al físico y darle la comida apropiada para cada uno de ellos, si aprendemos el valor de nuestros pensamientos y la importancia que tiene cada palabra que sale de nuestra boca porque está ligada a nuestro corazón, si reconocemos el miedo y sabemos cómo potenciar los riñones para poder combatirlo o simplemente reconocerlo, entre otras cosas, habremos dado pasos de gigante, estaremos ante una alimentación consciente y podemos así hacernos responsables de nuestra propia vida.

la alimentación consciente no se limita al conocimiento de los nutrientes de los alimentos, sino que propone una dieta que tenga en cuenta cómo cuidar, depurar, fortalecer, estimular cada órgano, cada víscera, cada parte de nuestro organismo para que nos pueda servir de apoyo

Y ahí entra nuestra capacidad de decisión, ¿dónde quieres estar tú?

 

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